Mírame a los ojos
y dime qué es lo que ves, dime si estás conforme con tu decisión, dime si te
sientes feliz y si realmente es lo que querías y lo que te hace feliz. Mírame a
los ojos y dime qué ves en ellos. Dime, también si lo que yo veo en los tuyos
es realmente lo que estás sintiendo.
Tómame la mano y
caminemos hacia adelante, fíjate como la luz del atardecer ilumina el camino,
metafóricamente estamos caminando hacia
adelante, hacia lo que podemos interpretar como nuestro futuro lleno de
luz y amor… Sin embargo no es real, la metáfora solo está en mi mente, en mi corazón
y en mis ganas de amarte y estar contigo. No es real, no es real… no es real.
Por un segundo
nuestra burbuja vuelve a crecer, vuelve a protegernos en sus brazos, a
envolvernos en su protección ¿Ves cómo mi cuerpo muestra mi debilidad ante ti?
¿Escuchas cómo aumenta el ritmo de los latidos de mi corazón? ¿Escuchas cómo mi
respiración se vuelve irregular? ¿Lo ves? ¿Lo sientes? Puedo decir que esto es
un sueño, es tan irreal que parece sacado de mis más profundos deseos, de mi
más dulce utopía. Puedo, además decir y afirmar, puedo jurar por los mil dioses,
ofreciendo mi vida si llegase a mentir, que mis ojos están observando lo más
bello del universo. Nunca amé tanto la luz del atardecer, nunca amé tanto ver
cómo la luz del atardecer ilumina lo que toca como la amé hoy mientras
iluminaba tu rostro, mientras tu sonrisa era lo único que podía opacar su
intensa luz, mientras ambas se complementaban y creaban la armonía perfecta. Y
tus ojos, brillaban como dos preciosos diamantes, profundos como el océano en
la mitad de la noche; tus ojos, ventanas de tu alma, ventana misteriosa en la
que siempre pararía a observar, a descifrar su dulce misterio y hacerlo
completamente parte de mí.
Ahora dime,
necesito que lo digas, necesito escucharte y que tu voz sea el canto celestial
que llegue a mi corazón, que toque mi alma y la llene de calor. Dime lo que
sientes, dime si me equivoco, dime si debo marchar y dar vuelta atrás. Dime si
debo dar un paso al costado o dejar que tú lo hagas. Dime si al despedirnos
debo dejarte ir o debo pedirte que te quedes un momento más.
Me pregunto si
por tú cabeza pasan las mismas sensaciones, si tu mente te hace sentir lo mismo
que yo, si tus sentimientos siguen conectados con los míos. Me pregunto si volveré
a verte… Me pregunto cuántas veces más podré mirar tu rostro bañado por la luz
del atardecer ¿O simplemente tengo que guardar esta vez como la única y mi más
grande tesoro? Me pregunto si algún día, pasados los meses… (O ¿años?) Podré
volver a decirte ‘mi amor’, podré volver a besar tus labios, podré volver a
refugiarme en tus brazos y sentir que siempre pertenecí a ellos. Me pregunto si
algún día me permitirás regresar ¿Algún día podré hacerlo bien? ¿Podré ser
suficiente? ¿Podré entregar lo que necesitas y lo que esperas? Son tantas
preguntas… tantas que no imaginas. Tantas preguntas que tengo ahora, como las
razones para amarte. También me pregunto si algún día todas esas preguntas
podrán ser contestadas.
Pero por ahora abrázame,
acércame al calor de tu cuerpo, mientras nuestros pasos toman el mismo compás,
mientras nuestros latidos y nuestra respiración se vuelve una sola, convirtiéndose
en la composición de la melodía perfecta; acorta nuestra distancia y
compartamos el mismo aire; acerca tus labios a los míos, rózalos con amor,
sella la hermosura de este momento en un dulce beso que me lleve hasta las
nubes, que me haga tocar el cielo, llegar hasta los dioses y decirles que tuve razón,
que no hay nada más hermoso que ver tu rostro bañado en la cálida y perfecta
luz del atardecer.