22/8/17

Mediados de Agosto

Agudo frío de mediados de agosto, te vas despidiendo de nosotros adorado invierno, dejándonos unos pequeños suvenires para no olvidar como y cuan crudo fuiste este año. No reniego contra ti, pero te has planteado la idea de aun con la primavera pisándonos los talones, te recordemos y sepamos que no será tan fácil olvidarte y decirte adiós hasta un año más.
¡Oh Luna Menguante! Anciana, sabia, bruja poderosa. Todo lo que crece con tu fase doncella, termina contigo. Tanta veces se llora observando tu rostro, tanto se ruega pidiendo a tu luz, tanto dan tus mágicos rayos por cada ser humano que tarde o temprano llegas a reclamar lo que es tuyo, lo pertenece a tu luz plateada de diosa. ¡Ay de nosotros! Pobres mortales, que nos regocijamos tanto en tu fase creciente, con el amor que se nos concede, con la energía desbordante que nos envías y con tu manto protector que nos envuelve y nos resguarda junto a quienes amamos; para llegar a tu fase de madre, Luna Llena que contempla satisfecha lo que su magia ha creado. Pero no nos adviertes… que todo aquello que tu luz ha protegido y ha resguardado con sabiduría, amor y pasión, menguará como o haces tú: lenta y dolorosamente para quienes no estamos preparados. Energías que recaen, pasiones que se duermen, lazos que se debilitan, se cortan o se separan, dolor intermitente que punza, que arde, que quema y que mata. No eres culpable, es solo que en nuestro estado aletargado de placer, no somos capaces de comprender, de entender que como todo ciclo, llega a un final; y así también como todo ciclo, que todo vuelve a comenzar. No sin antes pasar por la oscuridad, tu invisibilidad, que aun sin verte y sin poder contemplar tu rostro, sabemos que estás ahí, poderosa Luna Nueva protegiéndonos, cuidándonos, amándonos y guiándonos para alcanzar lo que rogamos entre lágrimas y sollozos. Estamos en incertidumbre, no sabemos si lo que ha menguado contigo en este ciclo y los ciclos anteriores, volverá a crecer pasando tu etapa de purificación y renacimiento. Si unas cuantas veces atrás ha sido así, ¿por qué ahora no? Y es que todo lo que tocas, todo lo que tus mágicos rayos de plata logran alcanzar, cubrir y proteger, queda tan enlazado contigo, que es inevitable arrastrarnos contigo en tus fases, expectantes de volver a renacer y volver a regocijarnos del amor que tuvimos, volver a bailar bajo tu luz, besarnos bajo tu luz, abrazarnos bajo tu luz y entregarnos bajo tu luz, a ese, nuestro amor eterno que posee nuestros pensamientos. Amor cuyo nombre tú conoces a la perfección, porque es el título de nuestros sonetos, odas, poemas, oraciones, peticiones, canciones, danzas que sólo compartimos contigo. Nombre de aquella persona dueña de nuestras sonrisas, nuestras miradas, del brillo de nuestros ojos al buscarte y mirarte glorificada en lo alto del infinito cielo nocturno.
Cruel invierno, traicionero amigo. A ti, quien he otorgado mi lealtad, con quien me he sentido a gusto, en paz. Has llenado de frío y congelado los más honestos corazones, los más honestos sentimientos y emociones. Lamento no poder más que reprocharte, odiarte quizás, por no albergarnos en ti de la misma forma que lo habías hecho antes. Cuántos esperábamos tu llegada, para refugiarnos y abrigarnos en brazos de nuestro amor, para unir nuestras manos y frente a frente en medio de la niebla, buscar el calor y terminar encontrándolo en la unión de nuestros labios. Y ver caer la noche, de igual forma acompañados por nuestra alma compañera, regocijándonos y jugueteando con el vapor de nuestros labios al pronunciar cada palabra, cada “te amo”, cada “te extraño”, quizás un “nunca te olvidaré” y un sinfín de promesas que con el paso de los días quedaron tan congeladas como nuestras almas, nuestros labios fríos, nuestras manos sin el par donde encontrar calor o nuestros cuerpos, solos y resignados a buscar abrigo solo en la mayor cantidad de prendas que nos pueda ayudar.

Noches eternas, dolor punzante. Un vacío eterno que duele e ignoramos hasta cuando dolerá. Quizás eso es lo que lo hace más duro, más cruel, no saber cuándo esta agonía terminará ¿hasta cuándo tendremos que secar nuestras lágrimas solo con nuestras manos? ¿Hasta cuándo será nuestra almohada nuestro hombro más fiel para llorar? ¿Hasta cuándo la inconmensurable Luna será testigo de nuestro dolor? ¿Hasta cuándo nos verá mirarla con un brillo diferente en nuestros ojos, un falso brillo proporcionado por nuestras lágrimas? ¿Cuándo podremos volver a sonreírle y bailarle con plena felicidad en nuestra alma? Guíanos, ilumina con los pocos rayos de luz que aun te quedan en el final de este ciclo y llévanos a sus brazos, a aquella alma dueña de nuestra locura, dueña de nuestros sueños y anhelos. Está bien si quieres tomarte tu tiempo, terminar tu ciclo y reencontrarnos cuando vuelvas a renacer, prestigiosa, magna, brillante en lo alto del firmamento. Aquí estaremos esperando, porque almas que ofrendan su amor sempiterno frente a tu luz, son almas unidas y consagradas por tu excelsitud para el resto de la eternidad.  

15/8/17

Mediados de Agosto

Agudo frío de mediados de agosto, te vas despidiendo de nosotros adorado invierno, dejándonos unos pequeños suvenires para no olvidar como y cuan crudo fuiste este año. No reniego contra ti, pero te has planteado la idea de aun con la primavera pisándonos los talones, te recordemos y sepamos que no será tan fácil olvidarte y decirte adiós hasta un año más.
¡Oh Luna Menguante! Anciana, sabia, bruja poderosa. Todo lo que crece con tu fase doncella, termina contigo. Tanta veces se llora observando tu rostro, tanto se ruega pidiendo a tu luz, tanto dan tus mágicos rayos por cada ser humano que tarde o temprano llegas a reclamar lo que es tuyo, lo pertenece a tu luz plateada de diosa. ¡Ay de nosotros! Pobres mortales, que nos regocijamos tanto en tu fase creciente, con el amor que se nos concede, con la energía desbordante que nos envías y con tu manto protector que nos envuelve y nos resguarda junto a quienes amamos; para llegar a tu fase de madre, Luna Llena que contempla satisfecha lo que su magia ha creado. Pero no nos adviertes… que todo aquello que tu luz ha protegido y ha resguardado con sabiduría, amor y pasión, menguará como o haces tú: lenta y dolorosamente para quienes no estamos preparados. Energías que recaen, pasiones que se duermen, lazos que se debilitan, se cortan o se separan, dolor intermitente que punza, que arde, que quema y que mata. No eres culpable, es solo que en nuestro estado aletargado de placer, no somos capaces de comprender, de entender que como todo ciclo, llega a un final; y así también como todo ciclo, que todo vuelve a comenzar. No sin antes pasar por la oscuridad, tu invisibilidad, que aun sin verte y sin poder contemplar tu rostro, sabemos que estás ahí, poderosa Luna Nueva protegiéndonos, cuidándonos, amándonos y guiándonos para alcanzar lo que rogamos entre lágrimas y sollozos. Estamos en incertidumbre, no sabemos si lo que ha menguado contigo en este ciclo y los ciclos anteriores, volverá a crecer pasando tu etapa de purificación y renacimiento. Si unas cuantas veces atrás ha sido así, ¿por qué ahora no? Y es que todo lo que tocas, todo lo que tus mágicos rayos de plata logran alcanzar, cubrir y proteger, queda tan enlazado contigo, que es inevitable arrastrarnos contigo en tus fases, expectantes de volver a renacer y volver a regocijarnos del amor que tuvimos, volver a bailar bajo tu luz, besarnos bajo tu luz, abrazarnos bajo tu luz y entregarnos bajo tu luz, a ese, nuestro amor eterno que posee nuestros pensamientos. Amor cuyo nombre tú conoces a la perfección, porque es el título de nuestros sonetos, odas, poemas, oraciones, peticiones, canciones, danzas que sólo compartimos contigo. Nombre de aquella persona dueña de nuestras sonrisas, nuestras miradas, del brillo de nuestros ojos al buscarte y mirarte glorificada en lo alto del infinito cielo nocturno.
Cruel invierno, traicionero amigo. A ti, quien he otorgado mi lealtad, con quien me he sentido a gusto, en paz. Has llenado de frío y congelado los más honestos corazones, los más honestos sentimientos y emociones. Lamento no poder más que reprocharte, odiarte quizás, por no albergarnos en ti de la misma forma que lo habías hecho antes. Cuántos esperábamos tu llegada, para refugiarnos y abrigarnos en brazos de nuestro amor, para unir nuestras manos y frente a frente en medio de la niebla, buscar el calor y terminar encontrándolo en la unión de nuestros labios. Y ver caer la noche, de igual forma acompañados por nuestra alma compañera, regocijándonos y jugueteando con el vapor de nuestros labios al pronunciar cada palabra, cada “te amo”, cada “te extraño”, quizás un “nunca te olvidaré” y un sinfín de promesas que con el paso de los días quedaron tan congeladas como nuestras almas, nuestros labios fríos, nuestras manos sin el par donde encontrar calor o nuestros cuerpos, solos y resignados a buscar abrigo solo en la mayor cantidad de prendas que nos pueda ayudar.

Noches eternas, dolor punzante. Un vacío eterno que duele e ignoramos hasta cuando dolerá. Quizás eso es lo que lo hace más duro, más cruel, no saber cuándo esta agonía terminará ¿hasta cuándo tendremos que secar nuestras lágrimas solo con nuestras manos? ¿Hasta cuándo será nuestra almohada nuestro hombro más fiel para llorar? ¿Hasta cuándo la inconmensurable Luna será testigo de nuestro dolor? ¿Hasta cuándo nos verá mirarla con un brillo diferente en nuestros ojos, un falso brillo proporcionado por nuestras lágrimas? ¿Cuándo podremos volver a sonreírle y bailarle con plena felicidad en nuestra alma? Guíanos, ilumina con los pocos rayos de luz que aun te quedan en el final de este ciclo y llévanos a sus brazos, a aquella alma dueña de nuestra locura, dueña de nuestros sueños y anhelos. Está bien si quieres tomarte tu tiempo, terminar tu ciclo y reencontrarnos cuando vuelvas a renacer, prestigiosa, magna, brillante en lo alto del firmamento. Aquí estaremos esperando, porque almas que ofrendan su amor sempiterno frente a tu luz, son almas unidas y consagradas por tu excelsitud para el resto de la eternidad.  

27/2/17

Te doy las gracias

Puedo viajar, puedo retroceder unas horas en el tiempo gracias a ti, porque de entre todas las virtudes que me entregas, está esa de vivir nuestros recuerdos una y otra vez, con la misma intensidad en las emociones de cada momento. Tenerte es un regalo; y si hace un par de días atrás me retorcía de dolor al sentir que te perdía, hoy puedo decir que tan solo intercambiar una palabra contigo es tocar un pedacito de cielo. Pero el recuerdo, el viaje 24 horas exactas atrás, nuestras almas reconectándose, entrelazándose, danzando, siendo una. Esta vez la sensación punzante en nuestro interior no era dolor por separarnos sino un dolor de los buenos, como cuando lo sientes por algo que te gusta, que no debería ser etiquetado con esa misma palabra, sino una que abarque en todo su esplendor el placer y el gusto que da sentirlo, nuestra burbuja tomando su grosor habitual, nuestra piel cosquilleando al rozar y encontrarse, nuestros latidos al mismo compás: armoniosa melodía celestial, nuestros labios al tocarse e intercambiar el amor, aquellos labios que a veces nos lastiman y nos hieren, la pasada noche no hicieron más que tropezar uno con el otro para expresar amor y una que otra sonrisa juguetona y cómplice de lo que estaba sucediendo. Tienes mi cuerpo, tienes mi alma, tienes cada uno de mis sentidos solo para ti. Uno a uno caen rendidos a tus pies, te pertenecen y se juntan con los tuyos para conectarnos y reforzar nuestros lazos: El gusto, el sabor de cada parte de ti al recorrer con mis labios cada rincón de tu piel, el sabor de tus labios entre nuestros besos guiados por la pasión y el riesgo. El olfato, el suave aroma de tu piel, inconfundible, incomparable, imposible de arrancar de mí, gracias a los ángeles por ser imposible de quitarlo de mí, dulce, perfecto; tu esencia especial, aquella que cuando no estoy contigo siento de repente de la nada, sin razón aparente pero que me hace suspirar profundamente y desear tenerte entre mis brazos. El oído, escuchar tus susurros, diciendo cuánto me amas, que jamás me dejarás, que agradeces cada segundo por tomar tu decisión de intentarlo nuevamente, tus suplicas, tus promesas, nuestros pactos eternos; la suave melodía de tu voz, tu y yo sabemos en qué momento, un canto divino que inunda de sensaciones mi cuerpo y eriza mi piel tan solo de recordarlo. La vista, que a través de la oscuridad logra adaptarse a ella para verte, para ver tus ojos brillando de ilusión, tu sonrisa expresando esa chispeante felicidad, ojos que ven las infinitas estrellas del universo al que me llevas, bendita vista que me permite crear un recuerdo vívido de ti al memorizar cada rincón de tu cuerpo, cada parte de ti, cada marca, cada lunar, cada poro de tu piel y benditos son mis ojos al cerrarse, privarme del sentido pero permitirme jugar con el recuerdo y recorrerte sabiendo exactamente donde estoy. Finalmente, quizás el más importante y también el más especia: el tacto, sublime acto que permite apagar todos los sentidos para intensificar la sensación, todo aquello que por la vista no se puede registrar, las manos lo pueden palpar y recorrer profundamente, la suavidad de tu piel pasando a la gustosa impresión erizándose al sentir mis manos sobre ella. Tacto que nos da placer, tacto que nos lleva a la cima del goce, tacto que nos une y nos fortalece.

Doy gracias, infinitos agradecimientos a las fuerzas del universo, a las energías que nos rodean y que conspiran a nuestro favor para reencontrarnos, para guiarnos a regresar al nido que hemos construido, te agradezco por permitirme mirar el cielo contigo una vez más, por poder ver tus ojos brillando al ver los míos, irradiando felicidad. Te agradezco por permitirme volver a ver mi reflejo en los tuyos, que siempre es innegablemente mejor que mirarme en un espejo, en ellos me veo tal como soy sin el halo de la vanidad, en ellos puedo sentirme hermosa, completa. Te doy gracias por permitirme volver a tus brazos, enredarme en tu abrazo, acurrucarme en ti porque puedo sentir que cada dolor vale la pena si puedo volver a refugiarme en ellos. Te doy gracias por dejarme tener tu sonrisa, esa sonrisa sincera que si supiera dibujar la plasmaría en un lienzo para llenar de luz cada lugar donde la tenga, gracias por esa sonrisa que sabes que me encanta, aquella entre coqueta, juguetona, pícara, traviesa, que sabe que me provoca. Gracias por volver a llenarme de tus besos, aquellos que me dejan sin aliento, pero que al siguiente me lo devuelven con más fuerza. Gracias por dejarme volver a ver lo maravillosa que es tu piel bajo la luz del atardecer. Gracias por aceptarme, por confirmar cada segundo que mi mejor elección es entregarme a ti, ser tuya en cuerpo y alma. Gracias por dejarme ser tu guía y ser tú la mía, gracias por compartir tus sueños y hacerlos míos, gracias por escuchar los míos y hacerlos tuyos. Gracias por estar aquí, en nuestro recuerdo de hace 24 horas, dándome la mano mientras nos miramos, mientras una sonrisa no es capaz de expresar la felicidad que sentimos, donde no queremos soltar las lágrimas de emoción que nos invaden, solo para no mojar con ellas este recuerdo y atesorarlo en nuestro espíritu como aquel momento donde la conexión entre tú y yo se volvió a fortalecer, aquel momento donde podemos volver si nos flaquea la voluntad, si la inseguridad nos domina y si la seguridad de que es lo correcto, comienza a temblar. Gracias por comprobarme tus promesas, de que si te dejo tu espacio a extrañarme y necesitarme, tarde o temprano lo harás, que no desespere porque lo nuestro es eterno, porque el camino que recorrimos comenzó hace 31.286 horas y aún quedan más por recorrer paso a paso, de la mano tu y yo hacia el infinito.


Hacia el infinito. 

9/2/17

El acto de escribir

¡Cómo puedes reclamarme que nunca escribo nada bueno sobre ti! ¡Cómo puedes tener tal descaro! ¡Ni siquiera tienes razón! Te escribo y te describo de miles de formas, no publicadas, privadas, ocultas, en lo más profundo de mi corazón o entre esas hojas a las que jamás tendrás acceso. Escribo sobre ti: con palabras, con miradas, con suspiros, con deseos, en los sueños, en la vida real. Muchas palabras brotan de mis manos, brotan de mis labios al desvariar con la luna sobre nuestro amor. Escribo sobre ti en mi piel, escribo sobre tú y yo en nuestras vidas, en nuestra historia, escribimos al avanzar, al detenernos o al retroceder. Nuestra vida está escrita por los dioses, en las hojas del gran libro llamado historia.

Y mis palabras… palabras. Van dirigidas a lo bueno, a lo malo, a los anhelos y a las decepciones. Muchas de ellas son publicadas, otras atesoradas. ¿De qué te quejabas? ¿Solo hago públicas las cosas malas? Te equivocas o te falta leerme, leer entre líneas, leernos a ti y a mí hasta lo más profundo. Lamento que el sentimiento de dolor sea tan fuerte y no se trata de que sea más fuerte que el sentimiento de amor; la diferencia radica en algo que jamás he sabido explicarte y tampoco creo que estés con disposición de escuchar (¿Y leer?): la diferencia es que cuando estamos bien, cuando todo en nuestra relación es amor, es dulzura, es pasión, sueños e ilusión, puedo compartirlo contigo, es nuestro tesoro, vivimos en él, nos regocijamos en él y no necesitamos nada ni a nadie más, porque nos tenemos, te tengo. Y es entonces cuando comienzo un largo relato, lleno de felicidad, lleno de emociones, lleno de fantasías y de sueños profundos de amor.

Hasta que termina.

De pronto, sin darme cuenta, en medio de la felicidad, en medio de la calma del océano comienza una marejada, olas enormes que nos envuelven y que sacuden todo, agitan todo, mojan todo y arrasan con todo a su paso. Y me quedo ahí, vacía y con el relato a medio terminar. Es entonces como si estuviera escribiendo con el lápiz rosa más hermoso que pude tener, las palabras son de azúcar, espontaneas, danzan con las nubes esponjosas del cielo y de pronto la tinta se acaba… y lo único que tengo a mano es un lápiz con tinta negra… Rosa y negro… ¿Notas el cambio? Las palabras dulces y felices parecen fingidas… como si no pertenecieran a las manos que las escriben, no coinciden con el color de la tinta que las está plasmando en la hoja. Y aunque esto es una simple metáfora que asocia lo feliz a lo rosa y lo triste a lo negro, no se distancia de lo que quiero explicar, explicarte a ti. Cuando la felicidad se nos arrebata de golpe, ya sea por cualquier confusión que haya dado paso a una discusión, me es imposible poder seguir hablando sobre lo bonito de la vida si de lo único que está repleta mi mente es de la pena, el dolor, la impotencia y desesperación. Escribir sobre felicidad con una mente triste, es manchar el recuerdo de un color frio, oscurecerlo y ya quitarle el carisma, esa aura emocional que nos podría llenar de felicidad al volver a traerlo al presente. Sería forzar ese recuerdo y tratar de teñir el agua con óleo. Y para no perder el punto hacia el que me dirigía, si la felicidad puedo compartirla contigo sin necesitar a alguien más que escuche sobre ello, con la tristeza es muy distinto. No te hago responsable, pero tú me has dicho muchas veces que hablar contigo sobre mis problemas contigo es absurdo, entonces ¿qué más puedo hacer con el dolor? Muchas personas tienen distintas formas de lidiar con ello, hasta yo he probado bastantes formas de pelear con el dolor, sin embargo la más sana y más efectiva para el nudo que se produce en mi mente, son las palabras, es la escritura. Relatar todo, entre metáforas y alegorías, pero que van vaciando mi interior bastante confuso entre una mezcla de emociones provocadas por la misma persona: tú. Y quizás no reciba consejos ni palabras de aliento para cada uno de mis relatos, pero sí me conformo con que alguna persona, en algún lugar remoto del planeta, que esté pasando por algo similar, se sienta comprendida, más no aconsejada, sino sólo tranquila porque no es la única persona pasando por esto.

También sé que no es lo único que te puede incomodar ver sobre la forma en la que reacciono ante el público respecto a nuestras contrariedades. Pero ¿quién ha estado libre de decir estupideces cuando está ofuscado, molesto o dañado? Y quizás esto se torne un poco más directo y personal, pero sacando las metáforas puedo reprocharte a ti también que muchas veces por medio de canciones se efectúa un contraataque que mi persona puede interpretar (o mal interpretar) como que estas dañando mi imagen frente a las personas que me conocen.


Te invito a descubrir también, que entre mis relatos más tristes existen palabras de amor hacia ti. Las cosas escritas con dolor también disfrazan entre líneas palabras y confesiones de amor eterno, amor dolido pero sincero que procura llenarte y darte vida hasta el último suspiro de la mía. Entre tantas recriminaciones por no comprenderme, también hay palabras de agradecimiento por entregarme tanto cada día y por mantenerme despierta, sintiendo un boomerang de emociones y jurando por mi honor no fallarte jamás y amarte hasta el final y aún más. 

6/2/17

Relato #2

Cuánta basura tiene que salir de tu boca, de tus manos, de tus palabras, antes de darte cuenta de que estás dejando un caos, antes de darte cuenta de que estas jodiendo todo lo que habías logrado pocas horas antes. Cuánto tiene que pasar en tu vida para juntar el suficiente revoltijo que te haga explotar en un vómito de estupideces y palabras, actos, reacciones sin sentido que te dejarán vacía y derrumbarán lo poco pero mucho que habían construido.

Ante los ojos de cualquier mortal, sensato y racional, llamar “algo” a lo que se construyó hoy es muy exagerado, para cualquier mortal que escuche nuestra historia no tendrá ningún valor. Incluso para ti, para ti puede ser insignificante y sin valor lo de hoy, más aún después del lío que dejé al explotar por lo que básicamente se puede catalogar como estupidez.

Sabe la luna, las estrellas y los astros en el cielo, cuánto les supliqué, cuánto les rogué para lograr algo así el día de hoy, o al menos lo antes posible. Saben ellos, fieles testigos de mi agonía, cómplices de mi locura y desvaríos, cuán importante fue para mí nuestro avance. Lo más doloroso es que quizás realmente lo sientes como un error, como un retroceso en tu avance personal, como una mancha en tu nueva hoja, en tu nuevo libro de tu nueva historia, sola o acompañada, pero lejos de mí. Pero el solo roce de tu mano, el cruce de nuestras miradas, el intercambio de palabras, es todo lo que pedía. ¡Imagínate!, ¡Imagínense! Como fue sentir sus manos buscando las mías fugazmente, apretándolas y solo soltándolas para volverlas a buscar; ver tu mirada, al acecho, en silencio, esperando el cruce con la mía; sentir tus labios, en esos besos efímeros que solo duraban una fracción de segundo, pero que calmaban mi alma, silenciaban los gritos, dominaban la locura y saciaban el deseo; conteniendo a mi alma que sólo quería enlazarse con la tuya y abandonarnos para irse lejos, donde nada ni nadie las obstaculizara. Creí en la magia, en los milagros, en que los deseos, si los pides con el corazón y con la fuerza de tu alma, con las energías de tu ser, se pueden volver reales. Si cierras suficientemente los ojos y pides el deseo en el punto más alto de un suspiro, puedes elevarlo lo apropiado para que las poderosas energías que te rodean puedan jugar sus cartas, mover sus piezas y enlazar dos almas en la tierra unidas por el sentimiento más grande, pero distanciadas por las diferencias terrenales.

Daría mi alma a los dioses por volver a acariciar la tuya, como hoy.

Pero todo deseo conferido por las poderosas energías, no es eterno. No lo es si no sabes tú mismo hacerlo persistir. Y es entonces, cuando las peores energías que te rodean comienzan a tejer sus redes, llenar tu camino de trampas, jugar sus oscuras cartas y poner en tu andar los atascos más difíciles de esquivar. Si no lo sabes distinguir, estás perdido.

Y es lo que sucedió.

Un mal viaje, un problema exorbitante de camino a casa, puede comenzar a hilar en tu mente una conflictiva red, donde tarde o temprano quedarás atrapado si no logras verla a tiempo. Y no la vi. Me atrapó. Y aquí estoy.

De algo tan insignificante y estúpido que pacté con mi alma ordenar en un mejor momento, mi mente, tramposa mente, creó una crisis. La obsesión, el capricho, la locura, el egoísmo, la posesión, comenzaron una danza donde mi alma quedó atrapada. Sin poder salir, sin poder reclamar por su plenitud en la que poco antes se pavoneaba. Y de ello, nació el caos, el conflicto. Todo se volvió oscuro, mis ojos ciegos, la razón durmió y mi alma retrocedió lentamente, viendo lo que se acercaba, se acuclilló en un rincón, esperando que lo peor sucediera. Los minutos sucesores a ello no tienen coherencia, no tienen un hilo conductor que me diga cómo y qué pasó. Y cuando la marea bajó ya el caos había arrasado con todo a su paso, llevándose recuerdos, sensaciones, sentimientos y emociones. Mi alma salió de su escondite, buscando como recuperar y retener lo que más podía. Pero no había nada. No quedaba absolutamente nada.

La sinceridad ya era inútil. Si tienes un mal momento, si tienes alguna complicación y no lo cuentas a tiempo, no tiene sentido alguno contarlo cuando los efectos del caos y la desesperación, han inundado todo.

No quedaba nada, solo rechazo, odio, rencor, palabras hirientes, crueldad, dolor, ira, decepción. Sus palabras dejaron en claro que todo lo vivido solo unas horas antes, estaba atrás. Muerto. Ya era demasiado tarde y no pude hacer más que sentarme, acomodarme lo que más podía, encender la pantalla en la mente y ver, limitarme a solo ver cómo los recuerdos pasaban, rompiendo, hiriendo, dejando dolor a su paso. Ver desde el exterior como si estuvieras viendo una historia que no es tuya. Recuerdos. Solo quedó en recuerdos, tu piel y mi piel, tus manos entrelazadas con las mías, nuestras risas en una sola melodía, nuestras miradas cómplices de lo que poco antes habíamos tenido. Pero no éramos, no eras tú, no era yo. Eran otras personas muy distintas a ti y a mí.

Y estoy en blanco.

Termina la transmisión, terminada la película me veo ahí. Estoy de pie junto al cadáver del suspiro de nuestro amor. Tengo un cuchillo en mis manos y soy la responsable. Una estupidez que dominó mi racionalidad, un capricho infantil e innecesario, nos asesinó brutalmente.

Te entregué fundamentos, te entregué motivos, más motivos para decir que soy lo peor que te pudo pasar en la vida. Metafóricamente se podría decir que te entregué un sobre con un solo pasaje a un mundo muy lejano al nuestro, con todo pagado, pero sin retorno. No era mi intención arruinar todo, daría mi alma por recuperarlo. No hablo de un todo, tan solo me conformo con recuperar lo que habíamos construido hasta exactamente antes de tres horas. Borrar lo sucesivo.


No quieres escucharme, no quieres leerme. Sólo mira la luna, mira hacia ella y deja que con su brillo cósmico te explique mi dolor, te susurre mi desesperación, deja que te cubra con su manto protector y siente lo que siento: mi más profundo arrepentimiento. Salvémonos, salvemos lo que teníamos hace ya varias horas lo que sentimos al unirnos, al besarnos y entrelazar nuestras almas dolidas pero llenas de deseo la una por la otra. 

4/2/17

Relato #1

Si bien es cierto que toda esa basura de que duele el corazón al tener una pena muy grande, es falsa. El corazón es solo un jodido musculo que, como dicen las personas racionales y los clichés, “sólo bombea sangre”. Sin embargo, puedo asegurar, con la tranquilidad de que más almas han sentido lo mismo alguna vez, que el dolor que se siente en el pecho es tan profundo, tan intenso que casi crees escuchar cómo se destroza en mil pedazos todo lo que tengas dentro de la cavidad torácica. Lo siente vacío, es como si te arrancara algo a tirones, dando una pausa lo suficientemente larga para que el próximo tirón vuelva a doler tanto o más que el primero. Y puede que sea cierto, lo que te arrancan no es algo insignificante, te quitan la vida, el aire, el amor, la ilusión, la felicidad, las metas, los sueños, la vida… en tan sólo un nombre.

Y no hay nada que hacer, no hay nada que te pueda calmar.

Es entonces cuando deseas que realmente fuera algo tangible lo que te provoca el dolor, porque de ser así alguna píldora, algún analgésico o lo que sea, te lo puede quitar, aunque sea el medicamento más fuerte, sabes que tarde o temprano el dolor menguará y podrás descansar.

Pero no.

No hay nada capaz de quitarte ese dolor, no hay medicamento, no hay maniobra, no hay nada. Quizás lo único que podría ayudar sería dormir, entrar en ese magnífico estado donde te vuelves inconsciente de todo a tu alrededor, donde no sabes de nada hasta volver a abrir los ojos.

Pero te equivocas.

El dormir viene acompañado de algo tan algo como estar despierta y consciente de todo lo que está pasando: LOS SUEÑOS. Aquellas estúpidas manifestaciones de deseos, recuerdos o simple porquería almacenada en tu memoria, que se acumula silenciosamente como una bomba de tiempo, hasta que llega el momento de explotar. Sueños que te hacen recordar, que te hacen desear tenerle de vuelta, estar ahí a su lado, o que esté aquí a tu lado y que no tengas que estar escribiendo esto. Ilusiones banales y estúpidas que están muy lejos de la realidad… o muy cerca. Finalmente, lo único que consigues es despertar con un dolor más agudo, un vacío más profundo, y ¿Qué esperas? Si durante las horas que eso duró, estuviste presionando la herida…

Entonces.

¿Qué hacer? ¡Qué puedes hacer! Si ves cómo se va… como los días pasan y cada vez te vuelves más pequeña, como sus temores, te mentaliza como algo pequeño y de esa forma te puede dejar atrás. Y le funciona… tanto que aquí, donde estas, cada vez te vuelves más pequeña.
Debemos ser fuertes.
Debemos resistir, son sólo los primeros días, la agonía poco a poco comenzará a empeorar, los días pasarán, las cosas sucederán; distintas fechas que serían importantes se acercarán y pasarán siendo solo un día más en el calendario, igual al día anterior, y el anterior, y el anterior. Aún es demasiado pronto para pensar en olvidar, en estar bien, en volver a sonreír, incluso es muy pronto para asumir un pinto final y decir que el día de mañana no ocurrirá lo que deseas, esta es la etapa donde solo debes procurar sobrevivir, no caer, no llorar; contener y no demostrar, no sentir. Quizás el día de mañana algo mejore y el resto solo será reacción en cadena.


…