26/5/16

¿Qué más?

Tanto que hacer, tantas cosas pendientes, tanto por ordenar y organizar; una vida entera que manejar... y me siento así, en medio del océano, flotando sobre un pedazo de madera a la deriva, sin rumbo fijo y sin tierra firme a mi alrededor. Hay tanto que pensar, tanto que hacer, una vida entera depende de ello... y me siento sola... sin ayuda, sin una mano que me quiera ayudar a ponerme de pie. 
Es difícil, después de tanto tiempo, darse cuenta de que estás sola y de que aquí en adelante tendrás que verla por ti misma, sola. 

Sola, te estas quedando sola. 

No es que no quiera estarlo, no es que le tenga miedo a la soledad. Al contrario, siempre la he amado y es parte de mi, de mi esencia y de todo aquello que me hace ser yo. Pero perder a tu compañera de vida es difícil, saber que no quieren estar contigo, tenerlo en mente al dormir y al despertar, es difícil y nadie lo entiende. Saber que solo alejas a esa persona que amas y que provocas un rechazo hacia todo tu ser, es complicado, duele. 

Pero no hay nada que hacer. 

Tiene toda la razón, vivir el día a día, porque ilusionarse es malo. Ahora estoy aquí flotando aún en el mismo océano, pero en vez de ver estrellas en el cielo, se abren miles de nubes de recuerdos, y en cada una una promesa, un pacto, un plan, un sueño. Y cae una lágrima al saber que ninguno de eso se cumplirá. 

Seamos sinceras, si hemos llegado hasta aquí es porque te he obligado a estar conmigo. 

Me doy cuenta de que he avanzado en un punto, el llanto explosivo lo llevo por dentro, la crisis o el show como sueles llamarle, la estoy viviendo internamente. Si bien, no puedo negar que llegará un punto en el que al mirarme al espejo caerán lágrimas y gritaré un par de palabras entre sollozos infantiles, pero sin embargo bastará sólo lavarme la cara y volver a mi máscara inexpresiva. Es como mentalizarme y concentrarme en imaginar que me estoy viendo en miniatura y dejar que el dolor se expanda y sentirlo, plenamente, recorrer todo mi cuerpo. 

Ahí estoy, sufriendo. ¿Qué más da? 

Tienes razón, no valgo nada, soy pésima en todo sentido posible. No eres feliz conmigo, no te sientes bien conmigo, no te gusta estar conmigo, te molesta mi forma de ser, no te gusta como soy. Y ¿sabes? te entiendo, yo tampoco me soporto mucho, nadie lo hace en realidad. Te felicito por soportarme todo este tiempo y por seguir amándome... pero fuiste valiente. Felicitaciones. 

1/5/16

Una importante decisión.

Dicen que el paso más importante es tomar la decisión, y en medio de la desesperación, aquella decisión está tomada. Sé que soy una niñita inmadura, que no sabe nada de la vida y que solo quiere llamar la atención; y si, quizás solo sea otra llamada de atención, pero es que a estas alturas ya nadie se da cuenta de lo hundida que puedo estar y de la ayuda que necesito de las personas que ‘me aman’ y ‘quieren verme feliz’. Ya es una situación insostenible, hoy me di cuenta de la decepción que me provoca mirarme al espejo. No me gusto, nunca he estado más en desacuerdo conmigo misma y es por ello que lo decidí.  
No espero atención, porque he hecho mil cosas esperando un abrazo, esperando que con esa misma palabra me cambien el mundo y lo hagan más ameno aunque sea por el momento. Me cansé de esperar comprensión y un poco de empatía, que alguien se detenga a ver dónde estoy y que al verme hundida me diga ‘¿Te ayudo?’ Jamás pasará, es por eso que tomé mi decisión no por eso, sino por mí misma, por sentirme bien al mirarme al espejo y sentirme hundida pero mejorando al menos en un aspecto.
Sé que voy por ‘buen camino’, la sensación de hoy valió mucho. Al menos me dio un poco de ánimo y esperanzas de que quizás si logre hacer algo bien en la vida y con resultados beneficiosos. Las críticas que me vendrán… mejor en ello no pensar, pero nada más se puede hacer si estoy sola. Es más, nadie lo notará quizás hasta en un punto crítico.
El suicidio es la mejor opción, lo sé, lo sé, ¡pero soy incapaz! La depresión es terrible y más aún cuando nadie quiere darse cuenta y se debe ocultar y fingir estar bien. A veces tengo momentos de lucidez y me detengo a pensar, es increíble el poder que tiene la depresión sobre el ser humano, te hace sentir miedos inexplicables, vacíos eternos, pensar cosas absurdas y tomar decisiones peligrosas… Y también ahí puedo pensar que con cosas así no sólo se daña uno mismo, sino a todo el entorno, a todas las personas que ‘te quieren’ y puedes perderlos siendo tan valiosos. Si tan sólo se pudiera controlar en un segundo… si tan solo pudiera detenerme a pensar así en medio de una crisis… Si pudiera razonar… Pero nunca nadie entenderá que es imposible, que te volviste dan dependiente de esa persona que sólo sus palabras podrían calmarte y contenerte, porque nadie sabe cuántas horas llevas conteniéndolo con tu propia voluntad, que llega un punto en que se te escapa de las manos y pierdes el control y solo sus palabras te pueden hacer volver. Pero solo recibes negativos y rechazos… porque su ego es más grande que cualquier cosa. En esos momentos de lucidez deseo salir de esto, ver brillar el sol y enmendar los errores que cometo, deseo poner ganas y motivación en superar la depresión, en mejorar… pero dura tan poco… que casi no alcanza a dejar huella.

¿Qué siento en estos momentos? Tengo en mi cabeza algunas de sus palabras motivadoras, esas que me dicen ‘sabes que volveré siempre’, ‘sólo tienes que dejarme un rato y se me pasará’, ‘dame tiempo de recapacitar’, ‘dame tiempo de calmarme’, ‘dame tiempo de reaccionar y extrañarte’, ‘te juro que volveré, déjame demostrártelo’, ‘sólo cálmate y no digas nada, todo va a pasar y estaremos bien’. Y debo reconocerlo, el poder que esas palabras tienen en mi es inmenso, puedo calmarme y sentir un alivio enorme en el pecho, sin embargo… se opacan y contradicen con las acciones… con las otras palabras, con las miradas y las palabras hirientes… Y es difícil… es muy difícil equilibrar la balanza de palabras, es muy difícil hacerlo sola y deseo hacerlo sola, deseo calmarme y esperar… esperar que todo pase y vuelva como me dice. Y no recordar……………… no llorar… es imposible… Y no puedo…

28/3/16

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¿Por dónde empezar cuando hay mucho que decir? Cuando las palabras, las ideas, los sentimientos y las emociones quieren brotar pero son muchos a la vez que se tropiezan unos con otros y al chocar provocan una colisión tan potente que te paraliza.
Y sin darme cuenta ya llevo un par de líneas, que por sí solas dicen mucho, y expresan sin detalle gran parte de lo que acongoja a mi irónicamente, pobre corazón. A partir de este punto ya todo es más fácil, digamos más fácil por decir espontáneo. Le he dado un rumbo a las palabras, un camino que seguir.

Ojala fuera así de fácil darle un sentido a la vida real.

Por más dolor que sienta en el pecho, por más presión que las emociones hagan en mi interior y quieran explotar, salir, mostrarse y crear el caos que pretenden, la mejor solución y la sabia es callar, es guardar, reprimir. No llorar.  Después de todo, por más que diga todo lo que quiero decir o reaccione de la forma en la que mi alma me pide para liberarse, no se solucionará nada. Absolutamente nada.  Poco a poco he comenzado a afrontar los problemas de otra manera, al encontrarme bajo la presión de no poder liberar nada, he conseguido calmarme a los pocos (¿pocos?) minutos.  Por más que duela el alma, por más difícil que sea ponerme de pie o resistir a la inminente crisis nerviosa, el mundo seguirá girando, nada se detendrá por mí, ni por ti, ni por nosotras. Todo sigue su curso allá afuera, las personas siguen caminando, siguen luchando, siguen muriendo, siguen solucionando sus problemas o sucumbiendo ante ellos, incluso tú sigues tu camino. Los árboles siguen creciendo, las horas siguen avanzando, las guerras sucediendo y las injusticias siguen existiendo. Entonces, ¿para qué? A quién le importa saber lo que está pasando, cuán deprimida estoy, cuán rota, cuán herida física y emocionalmente. A quién le importa cuántos hematomas nuevos tendré mañana, o cuántas cicatrices. Es por esto que siempre recurro aquí, porque nadie recuerda que este sitio existe, nadie que me conozca sabrá qué sucede. Cuán patética soy, cuán básica, cuán insuficiente, cuán estúpida, cuán imbécil. Oh, estoy usando palabras que no son mías. El dolor puede ser más fuerte a cada segundo o puede empezar a disminuir, pero ¿a quién le importa? ¡Una gran sonrisa y de vuelta al escenario! Seguiré siendo despreciable, seguiré siendo un error, seguiré siendo lo peor que le pudo pasar a muchas personas. Seguiré siendo la misma criatura problemática que no se cansa de hacer daño una y otra vez. Soy ese tipo de persona que si se marcha, tiene el camino despejado para andar, nadie detendrá la partida, nadie le tomará el brazo para pedirle que se quede un minuto más, nadie rogará a su Dios por tenerla en su vida para siempre.  Soy ese tipo de persona que no es la compañera de vida de nadie, soy ese tipo de personas inútiles, que roban oxígeno a almas que de verdad lo necesitan. Todos necesitan un ancla, un pequeño algo que te haga quedarte, un incentivo, alguien por quien luchar. Pero ¿qué hacer cuando esa ancla se corta, dejándote a la deriva en un inmenso océano? Siempre pienso que la muerte en la mejor solución, pero el peor karma de un alma suicida, es una consciencia cobarde. En total conocimiento de que en vidas anteriores (al menos en una que recuerdo casi a la perfección), esta alma de la que soy portadora, cometió suicidio, me pregunto ¿Cuánto más tengo que esperar?






No pienses en mí sin ti. Piénsate a ti en mi lugar. 

28/1/16

Sin título. Sin nada.

Perdí la noción del tiempo, perdí la noción de la vida, no sé si tengo 16 años todavía o si realmente cumplí 22.
Nadie nunca sabrá lo difícil que es cargar con ese trauma… y no sólo eso… nadie nunca sabrá lo que es que de ese trauma, siempre haya una personita que me dirá mamá. 
Por más de cinco años he luchado contra esto, sin ayuda profesional aunque sé que es la que siempre he necesitado realmente. Pero sentía que tenía las fuerzas y el valor, o quizás a la persona correcta para salir delante de esta marca de por vida. Creía que todo iba mejorando en ese aspecto, aunque todavía cayeran lágrimas de vergüenza o de impotencia al tomarle el peso de lo sucia que estoy, lo marcada, herida; a pesar de todo, sentía que cada vez era menos terrible hablarlo, contarlo, confiar en las personas y contar mi secreto y mi trauma más profundo, porque sentía que mientras más lo hablara, más quedaba atrás y menos importancia le daba cada vez. Pero bastó que se pusiera en duda… y bastaron un par de palabras para hundirme… La depresión nunca se va, siempre se mantiene ahí, al acecho, esperando el momento indicado para tomar mi mano y llevarme con ella.
Y aquí estoy, hundida nuevamente, cayendo en las peores consecuencias de la depresión, en las peores consecuencias de las marcas dejadas por aquella agresión.
Nadie nunca imaginará ni en su peor pesadilla lo que es vivir con esa marca, habiendo callado por MIEDO tanto tiempo, por cobardía; sin poder hacer nada porque ya era demasiado tarde y pequé de ingenua, por tardarme tanto en asumirlo, en darme cuenta y tomarle el peso a que mi vida se había frustrado de ahí hasta el final. Es un peso enorme no haber hecho algo a tiempo cuando quizás aún era momento, quizás el culpable estaría pagando por lo que hizo y yo no sería puesta en duda por haber guardado este secreto tanto tiempo. Ojalá entendieran que no es fácil… no es fácil verse en el espejo y verse sucia, sentir asco de uno misma, sentirse humillada y sentir la impotencia de ya no poder hacer nada. Nada más que desear matar al culpable con mis propias manos.
Dentro de los peores miedos era que nunca jamás nadie querría estar conmigo… No habría ser humano en la tierra que quisiera estar con una mujer abusada y marcada por ello, y además que producto de ello, hubiera un ser humano quizás inocente, pero que lo recordara día a día. Más duele que después de conocer a esa persona… ahora me ponga en duda y todo el trauma se apodere de mí.
Y se apodera de mí lentamente. Siento correr por mis venas el dolor. Si, el dolor punzante como alfileres que recorren todo mi ser y arañan mi alma. Cerrar los ojos y verme cayendo, ver el vacío del pozo sin fondo al que vuelvo a entrar… Gritar por dentro, golpear lo que hay al paso, ver las imágenes pasar por mi cabeza una y otra vez, las sensaciones de asco, repulsión, odio, ira. Mirar un punto fijo y empezar un balanceo constante, mientras me detengo a sentir como el dolor se apodera de mí, como la crisis se aproxima y todo lo que viví en aquellos años… vuelve.  Y finalmente, solo limitarme a abrazar mis rodillas y romper a llorar.
Nadie sabe lo que es vivir sola este dolor, las marcas están vivas en mi nuevamente, los miedos, las lágrimas… todo volvió a surgir, el trauma es tan latente justo ahora!!! Es como si esto hubiera pasado ayer… como si nunca hubiese avanzado… como si nunca hubiese dejado el miedo atrás… Nunca saldré adelante. Esta herida nunca sanará, el trauma jamás lo superaré. Estoy sola cargando con un enorme y eterno peso en mí. Estoy sola y hundida en una eterna depresión que no sé dónde me llevará esta vez. Estoy sola llorando en mi pieza... y las únicas palabras de apoyo que me podrían ayudar... no llegarán.
Estoy sola.

Sola. 

13/1/16

¿Quién realmente soy?




Soledad. El mundo me lo dice a gritos y mi interior lo reclama.
Soledad. Una hoja quemada en el centro, como mi alma. 
Soledad. Un reciente adiós, sin un hasta pronto o una luz de esperanza.
Soledad. A lo lejos una familia de tres, de similar condiciones, jugando y riendo como nosotros hace poco tiempo atrás.
Soledad. Una realidad y futuro inminente.
Soledad. El viento acariciándome el rostro y alborotando mi cabello, tratando de llevarse lejos mis pensamientos.
Soledad. Arrebatándome la vida; rayos de luz atravesando las ramas de los árboles, tratando de alcanzarme.
Soledad. Gana de huir. 
Soledad. El tiempo duele, pasa y no espera. 
Soledad. Tan rodeada de gente pero tan vacía sobre el pasto en medio de un parque.
Soledad. Tan cerca tuyo, pero a la vez tan distante.
Soledad. Sin saber dónde ir, pero destinada al encierro.
Soledad. Mi diario martirio.
Soledad. Mi segundo nombre, mi condena, pero mi decisión.