Tanto que hacer, tantas cosas pendientes, tanto por ordenar y organizar; una vida entera que manejar... y me siento así, en medio del océano, flotando sobre un pedazo de madera a la deriva, sin rumbo fijo y sin tierra firme a mi alrededor. Hay tanto que pensar, tanto que hacer, una vida entera depende de ello... y me siento sola... sin ayuda, sin una mano que me quiera ayudar a ponerme de pie.
Es difícil, después de tanto tiempo, darse cuenta de que estás sola y de que aquí en adelante tendrás que verla por ti misma, sola.
Sola, te estas quedando sola.
No es que no quiera estarlo, no es que le tenga miedo a la soledad. Al contrario, siempre la he amado y es parte de mi, de mi esencia y de todo aquello que me hace ser yo. Pero perder a tu compañera de vida es difícil, saber que no quieren estar contigo, tenerlo en mente al dormir y al despertar, es difícil y nadie lo entiende. Saber que solo alejas a esa persona que amas y que provocas un rechazo hacia todo tu ser, es complicado, duele.
Pero no hay nada que hacer.
Tiene toda la razón, vivir el día a día, porque ilusionarse es malo. Ahora estoy aquí flotando aún en el mismo océano, pero en vez de ver estrellas en el cielo, se abren miles de nubes de recuerdos, y en cada una una promesa, un pacto, un plan, un sueño. Y cae una lágrima al saber que ninguno de eso se cumplirá.
Seamos sinceras, si hemos llegado hasta aquí es porque te he obligado a estar conmigo.
Me doy cuenta de que he avanzado en un punto, el llanto explosivo lo llevo por dentro, la crisis o el show como sueles llamarle, la estoy viviendo internamente. Si bien, no puedo negar que llegará un punto en el que al mirarme al espejo caerán lágrimas y gritaré un par de palabras entre sollozos infantiles, pero sin embargo bastará sólo lavarme la cara y volver a mi máscara inexpresiva. Es como mentalizarme y concentrarme en imaginar que me estoy viendo en miniatura y dejar que el dolor se expanda y sentirlo, plenamente, recorrer todo mi cuerpo.
Ahí estoy, sufriendo. ¿Qué más da?
Tienes razón, no valgo nada, soy pésima en todo sentido posible. No eres feliz conmigo, no te sientes bien conmigo, no te gusta estar conmigo, te molesta mi forma de ser, no te gusta como soy. Y ¿sabes? te entiendo, yo tampoco me soporto mucho, nadie lo hace en realidad. Te felicito por soportarme todo este tiempo y por seguir amándome... pero fuiste valiente. Felicitaciones.