Logró subir, la miré a la cara y le pedí perdón por todo lo que hice esa tarde, fui un tonto y ya me sentía arrepentido. Ella me abrazó con ternura, me sentí perdonado y tranquilo. La besé, le dije una y otra vez, cuánto la amaba, ella no decía nada, solo sonreía, con esa tierna sonrisa que me hacía olvidar toda la rabia que podía sentir.
Comencé a recorrerla con la mirada, me llevé una gran sorpresa al darme cuenta de que en su pecho, llevaba un collar que yo hace unos meses atrás le había regalado, pero que hace unos días, se había roto, en una discusión que tuvimos, ella lo jaló fuerte de su cuello y se rompió… desde ahí, nunca mas se lo volví a ver y no supe que lo arreglara, por eso me extrañó tanto verlo de nuevo.
Seguí recorriéndola con mi mirada, ella en silencio, estaba atenta a mis movimientos. Sentí deseos de abrazarla y nunca mas soltarla, no dejarla ir jamás y mantenerla a mi lado por el resto de nuestras vidas. Quise decirle que la amaba, pero ella, antes de que yo pronunciara palabra alguna, como leyendo mi mente, tapó mis labios con sus dedos. Empezó a quitarme la ropa lentamente. Primero mi polera, y recorrió con sus labios mi torso desnudo, deteniéndose cada cortos tramos, y besando cada parte de mi pecho. Me sorprendió su actitud, jamás había hecho algo así y jamás creí que fuera capaz de hacerlo, siempre fue tímida, muy vergonzosa, pero no podía negar, que me gustaba inmensamente su actitud, comenzaba a sentirme extraño y las ganas de tomarla entre mis brazos y hacerla mía, por primera vez, se hacían mas fuertes.
Continuó soltando mi cinturón y quitándome los pantalones, sentí mucha vergüenza de ello, me sonroje y ella mostró una sonrisa traviesa. Apagó la luz y volvió frente a mí, yo no me moví ni un segundo, estaba sumido en la vergüenza. Me deje llevar por ella, me entregué a sus manos, todo lo que hacia me gustaba cada vez mas. Cuando me percate, estaba completamente desnudo y por instinto hice lo mismo con ella. Le quité su camisa de dormir, lentamente y luego su ropa interior. Ella no mostraba ninguna expresión en su rostro, sus ojos estaban cerrados como si solo se dejara llevar por el romántico momento que estábamos viviendo.
Cuando la dejé completamente desnuda, la abracé y le pregunté si estaba segura de lo que estábamos haciendo, era nuestra primera vez y no teníamos forma de protegernos. No nos imaginábamos que era sería el momento. Ella no me dejó terminar la frase y volvió a taparme los labios con sus dedos, para luego besarme de la manera mas apasionada que alguien alguna vez me pudo besar. Dejé de resistirme a su inmenso amor y me entregué, la tomé entre mis brazos y cuidadosamente comencé a hacerla mía, fue una sensación que jamás imagine, un placer inmenso que solo ella me hizo sentir, su cuerpo era perfecto, la acariciaba lentamente, para no asustarla ni perder el control ante tan mágico momento. Entre la oscuridad de mi habitación distinguía su rostro, su expresión enamorada, sintiendo todas las emociones que era posibles de sentir en ese momento y al abrir los ojos, su mirada profunda y disfrutar el roce de su suave piel con la mía, me hacia sentir aún mas enamorado de lo que ya estaba, me hacía volar hacia un paraíso espectacular. Ese, sin duda, sería el mejor momento de mi vida, algo que nunca olvidaría. Hacer el amor con la mujer de mis sueños, con la chica siempre he amado, con la persona con la que quería compartir el resto de mi vida. Este hecho, seria algo que jamás nos separaría. Después de esta noche, para mi, seria imposible estar lejos de ella, no me imaginaba un segundo sin su aroma, sin su cuerpo, sus labios, sus ojos y su inmenso amor.
Luego de un rato, al terminar nuestro momento de profundo amor, nuestra unión de almas, le hice las promesas que jamás rompería, le dije cada palabra que de mi corazón salía y por mi mente pasaba.
- Amor, después de esto, nada nos va a separar, no sería capaz de cambiarte por nadie, no sería capaz de estar un día lejos de ti, de mirar otros ojos que no fueran los tuyos, ni besar otros labios que no fueran tus labios de miel. Estaremos juntos por siempre, nunca te dejaré sola, nunca te dejaré y siempre te amaré…
Ella solo sonreía ante mis palabras, y al terminar cada frase, ella la sellaba con un dulce y calido beso.
- Nunca permitiré que nos separen, aunque medio mundo nos quiera distanciar, siempre luchare por tu amor. Aunque me digas que me odias, me ganare tu corazón. Si algún día te digo que no te amo, no me creas… dame unos días, y sin dudarlo volveré a tus brazos, a tu calidez, a tu vida.
Continuará...
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