28/1/16

Sin título. Sin nada.

Perdí la noción del tiempo, perdí la noción de la vida, no sé si tengo 16 años todavía o si realmente cumplí 22.
Nadie nunca sabrá lo difícil que es cargar con ese trauma… y no sólo eso… nadie nunca sabrá lo que es que de ese trauma, siempre haya una personita que me dirá mamá. 
Por más de cinco años he luchado contra esto, sin ayuda profesional aunque sé que es la que siempre he necesitado realmente. Pero sentía que tenía las fuerzas y el valor, o quizás a la persona correcta para salir delante de esta marca de por vida. Creía que todo iba mejorando en ese aspecto, aunque todavía cayeran lágrimas de vergüenza o de impotencia al tomarle el peso de lo sucia que estoy, lo marcada, herida; a pesar de todo, sentía que cada vez era menos terrible hablarlo, contarlo, confiar en las personas y contar mi secreto y mi trauma más profundo, porque sentía que mientras más lo hablara, más quedaba atrás y menos importancia le daba cada vez. Pero bastó que se pusiera en duda… y bastaron un par de palabras para hundirme… La depresión nunca se va, siempre se mantiene ahí, al acecho, esperando el momento indicado para tomar mi mano y llevarme con ella.
Y aquí estoy, hundida nuevamente, cayendo en las peores consecuencias de la depresión, en las peores consecuencias de las marcas dejadas por aquella agresión.
Nadie nunca imaginará ni en su peor pesadilla lo que es vivir con esa marca, habiendo callado por MIEDO tanto tiempo, por cobardía; sin poder hacer nada porque ya era demasiado tarde y pequé de ingenua, por tardarme tanto en asumirlo, en darme cuenta y tomarle el peso a que mi vida se había frustrado de ahí hasta el final. Es un peso enorme no haber hecho algo a tiempo cuando quizás aún era momento, quizás el culpable estaría pagando por lo que hizo y yo no sería puesta en duda por haber guardado este secreto tanto tiempo. Ojalá entendieran que no es fácil… no es fácil verse en el espejo y verse sucia, sentir asco de uno misma, sentirse humillada y sentir la impotencia de ya no poder hacer nada. Nada más que desear matar al culpable con mis propias manos.
Dentro de los peores miedos era que nunca jamás nadie querría estar conmigo… No habría ser humano en la tierra que quisiera estar con una mujer abusada y marcada por ello, y además que producto de ello, hubiera un ser humano quizás inocente, pero que lo recordara día a día. Más duele que después de conocer a esa persona… ahora me ponga en duda y todo el trauma se apodere de mí.
Y se apodera de mí lentamente. Siento correr por mis venas el dolor. Si, el dolor punzante como alfileres que recorren todo mi ser y arañan mi alma. Cerrar los ojos y verme cayendo, ver el vacío del pozo sin fondo al que vuelvo a entrar… Gritar por dentro, golpear lo que hay al paso, ver las imágenes pasar por mi cabeza una y otra vez, las sensaciones de asco, repulsión, odio, ira. Mirar un punto fijo y empezar un balanceo constante, mientras me detengo a sentir como el dolor se apodera de mí, como la crisis se aproxima y todo lo que viví en aquellos años… vuelve.  Y finalmente, solo limitarme a abrazar mis rodillas y romper a llorar.
Nadie sabe lo que es vivir sola este dolor, las marcas están vivas en mi nuevamente, los miedos, las lágrimas… todo volvió a surgir, el trauma es tan latente justo ahora!!! Es como si esto hubiera pasado ayer… como si nunca hubiese avanzado… como si nunca hubiese dejado el miedo atrás… Nunca saldré adelante. Esta herida nunca sanará, el trauma jamás lo superaré. Estoy sola cargando con un enorme y eterno peso en mí. Estoy sola y hundida en una eterna depresión que no sé dónde me llevará esta vez. Estoy sola llorando en mi pieza... y las únicas palabras de apoyo que me podrían ayudar... no llegarán.
Estoy sola.

Sola. 

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