4/11/09

Un Misterioso Amor. (Parte II)

Sus palabras nuevamente me hicieron sentir nerviosa y solo me despedí fríamente y corrí hacia mi casa, algo extraño sucedió y el cielo se comenzó a nublar y repentinamente comenzó a llover. No pude explicarme tal suceso, solo me preocupe de llegar a mi casa, para no enfermarme.
Al llegar a mi casa, recordé que no le pregunte nada a Alejandro acerca de su ‘deber’ conmigo, el por qué de su aparición y sus deseos de ayudarme. Me dormí pensando en eso y al otro día deserte tarde y luego de levantarme, salí a caminar. Sin pensar en nada, caminé y caminé, sin rumbo fijo, mirando al suelo. Imaginando como mis huellas quedaban en la tierra. Al levantar la cabeza, mire donde estaba, me di cuenta de que sin querer llegue a la plaza donde el día anterior había estado con Alejandro… Me senté en el mismo lugar donde me senté con el, mire las nubes del cielo, que nuevamente se reunían avisando lluvias. Sentí una brisa tan suave que cerré mis ojos para dejarme llevar por la sensación de paz que me provoco. En ese momento, alguien tapo mis ojos, era una piel fría y suave, sentí miedo al no saber quién era.

- ¿Quién es?
- Soy quien siempre has esperado…
- ¿Alejandro?
- ¿Tanto me necesitas? *Quitó sus manos de mis ojos*
- No es eso- dije nerviosa- es que reconocí tu voz…
- Lo se, te creo
- ¿Qué haces aquí Alejandro?
- Quería tomar aire… No, en realidad no, sabía que tú estarías aquí…. Y quería verte…
- ¿Cómo lo sabias?
- No me corresponde decirlo… y bien, ¿Tu que haces aquí?
- Quería caminar y sin darme cuenta, llegue hasta aquí…
- Interesante… Soledad ¿Tu sabes que hago ayudándote?
- No… la verdad no… y realmente quería saber
- Bueno, no tengo mucho que decir al respecto, todo ya lo sabrás a su debido tiempo. Solo quiero lograr que te quieras tu misma, que luches por lo que quieres, por no permitir que te humillen, te desvaloren, ni que te traten como alguien inferior. Se siempre tu misma, aunque todos se opongan…

Lo escuchaba atentamente, una vez mas, su mirada me hablaba por si sola, me llenaba de paz y de confianza, deseaba escucharlo por siempre, se veía tan seguro de conocerme, de querer ayudarme que me perdí en sus palabras.

- … No quiero que sigas llorando por personas que no lo merecen, vales mucho, lo dicen tus ojitos… ya no quiero que te siga hundiendo en ese inmenso dolor que a diario te causan.
- Alejandro… yo… no se que decirte…
- No digas nada, solo escúchame atentamente….Tal vez yo el día de mañana no este contigo… y quiero que hagas caso a estas palabras…
- Lo haré… ten seguridad de eso.
- Confiaré en ti… no quiero verte perdida.
- Gracias…
- No las des… Bueno, debo irme, pero no sin antes hacer algo…
- ¿Hacer que?

En ese momento, me tomo dulcemente de la cintura, con un brazo, me acerco hacia el, con su ora mano todo mi mejilla suavemente y comenzó a acercar su cara a la mía… Me sentí muy nerviosa y ya no podía detener lo que estaba pasando, cerré los ojos y deje que el siguiera lo que había comenzado… de pronto sentí rozar sus labios con los míos… eran suaves, pero tan fríos como sus manos… me beso tiernamente, no supe que hacer, me sentía confundida, extrañada, pero rápidamente sentí como el cariño hacia el, crecía… y correspondí su beso… En eso, sentí un fuerte trueno desde el cielo y un rayo que caía en el árbol que estaba cerca de nosotros, comenzó a llover de una manera que nunca antes había visto… esto hizo que me asustara, y me aleje rápidamente de el. Reaccione, recordé y asocie, que cada vez que el aparecía, el clima cambiaba bruscamente.

- ¿Quién eres?
- -Alejandro, ya lo sabes- dijo asustado
- ¡No! ¿Quién eres realmente?
- Soy alguien que viene a ayudarte…
- ¿¡Por que eres tan extraño!?
- No lo soy…
- ¡Si! ¡Lo eres! Cada vez que estas conmigo se nubla el cielo… llueve y una serie de cosas extrañas… ¿Por qué?... ¿Por qué me besaste?
- Porque era necesario…
- ¿Para que?
- Hay tantas preguntas que no puedo contestar mi niña…
- ¡No me llames así! … ¡Aléjate! ¡No quiero verte más!

Continuara...

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