¡Cómo puedes reclamarme que nunca
escribo nada bueno sobre ti! ¡Cómo puedes tener tal descaro! ¡Ni siquiera
tienes razón! Te escribo y te describo de miles de formas, no publicadas,
privadas, ocultas, en lo más profundo de mi corazón o entre esas hojas a las
que jamás tendrás acceso. Escribo sobre ti: con palabras, con miradas, con
suspiros, con deseos, en los sueños, en la vida real. Muchas palabras brotan de
mis manos, brotan de mis labios al desvariar con la luna sobre nuestro amor.
Escribo sobre ti en mi piel, escribo sobre tú y yo en nuestras vidas, en
nuestra historia, escribimos al avanzar, al detenernos o al retroceder. Nuestra
vida está escrita por los dioses, en las hojas del gran libro llamado historia.
Y mis palabras… palabras. Van
dirigidas a lo bueno, a lo malo, a los anhelos y a las decepciones. Muchas de
ellas son publicadas, otras atesoradas. ¿De qué te quejabas? ¿Solo hago públicas
las cosas malas? Te equivocas o te falta leerme, leer entre líneas, leernos a
ti y a mí hasta lo más profundo. Lamento que el sentimiento de dolor sea tan
fuerte y no se trata de que sea más fuerte que el sentimiento de amor; la
diferencia radica en algo que jamás he sabido explicarte y tampoco creo que estés
con disposición de escuchar (¿Y leer?): la diferencia es que cuando estamos
bien, cuando todo en nuestra relación es amor, es dulzura, es pasión, sueños e ilusión,
puedo compartirlo contigo, es nuestro tesoro, vivimos en él, nos regocijamos en
él y no necesitamos nada ni a nadie más, porque nos tenemos, te tengo. Y es
entonces cuando comienzo un largo relato, lleno de felicidad, lleno de
emociones, lleno de fantasías y de sueños profundos de amor.
Hasta que termina.
De pronto, sin darme cuenta, en
medio de la felicidad, en medio de la calma del océano comienza una marejada,
olas enormes que nos envuelven y que sacuden todo, agitan todo, mojan todo y
arrasan con todo a su paso. Y me quedo ahí, vacía y con el relato a medio
terminar. Es entonces como si estuviera escribiendo con el lápiz rosa más
hermoso que pude tener, las palabras son de azúcar, espontaneas, danzan con las
nubes esponjosas del cielo y de pronto la tinta se acaba… y lo único que tengo
a mano es un lápiz con tinta negra… Rosa y negro… ¿Notas el cambio? Las palabras
dulces y felices parecen fingidas… como si no pertenecieran a las manos que las
escriben, no coinciden con el color de la tinta que las está plasmando en la
hoja. Y aunque esto es una simple metáfora que asocia lo feliz a lo rosa y lo
triste a lo negro, no se distancia de lo que quiero explicar, explicarte a ti.
Cuando la felicidad se nos arrebata de golpe, ya sea por cualquier confusión que
haya dado paso a una discusión, me es imposible poder seguir hablando sobre lo
bonito de la vida si de lo único que está repleta mi mente es de la pena, el
dolor, la impotencia y desesperación. Escribir sobre felicidad con una mente
triste, es manchar el recuerdo de un color frio, oscurecerlo y ya quitarle el
carisma, esa aura emocional que nos podría llenar de felicidad al volver a
traerlo al presente. Sería forzar ese recuerdo y tratar de teñir el agua con óleo.
Y para no perder el punto hacia el que me dirigía, si la felicidad puedo
compartirla contigo sin necesitar a alguien más que escuche sobre ello, con la
tristeza es muy distinto. No te hago responsable, pero tú me has dicho muchas
veces que hablar contigo sobre mis problemas contigo es absurdo, entonces ¿qué
más puedo hacer con el dolor? Muchas personas tienen distintas formas de lidiar
con ello, hasta yo he probado bastantes formas de pelear con el dolor, sin
embargo la más sana y más efectiva para el nudo que se produce en mi mente, son
las palabras, es la escritura. Relatar todo, entre metáforas y alegorías, pero
que van vaciando mi interior bastante confuso entre una mezcla de emociones
provocadas por la misma persona: tú. Y quizás no reciba consejos ni palabras de
aliento para cada uno de mis relatos, pero sí me conformo con que alguna
persona, en algún lugar remoto del planeta, que esté pasando por algo similar,
se sienta comprendida, más no aconsejada, sino sólo tranquila porque no es la única
persona pasando por esto.
También sé que no es lo único que
te puede incomodar ver sobre la forma en la que reacciono ante el público
respecto a nuestras contrariedades. Pero ¿quién ha estado libre de decir
estupideces cuando está ofuscado, molesto o dañado? Y quizás esto se torne un
poco más directo y personal, pero sacando las metáforas puedo reprocharte a ti también
que muchas veces por medio de canciones se efectúa un contraataque que mi
persona puede interpretar (o mal interpretar) como que estas dañando mi imagen
frente a las personas que me conocen.
Te invito a descubrir también,
que entre mis relatos más tristes existen palabras de amor hacia ti. Las cosas
escritas con dolor también disfrazan entre líneas palabras y confesiones de
amor eterno, amor dolido pero sincero que procura llenarte y darte vida hasta
el último suspiro de la mía. Entre tantas recriminaciones por no comprenderme, también
hay palabras de agradecimiento por entregarme tanto cada día y por mantenerme
despierta, sintiendo un boomerang de emociones y jurando por mi honor no
fallarte jamás y amarte hasta el final y aún más.
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