4/2/17

Relato #1

Si bien es cierto que toda esa basura de que duele el corazón al tener una pena muy grande, es falsa. El corazón es solo un jodido musculo que, como dicen las personas racionales y los clichés, “sólo bombea sangre”. Sin embargo, puedo asegurar, con la tranquilidad de que más almas han sentido lo mismo alguna vez, que el dolor que se siente en el pecho es tan profundo, tan intenso que casi crees escuchar cómo se destroza en mil pedazos todo lo que tengas dentro de la cavidad torácica. Lo siente vacío, es como si te arrancara algo a tirones, dando una pausa lo suficientemente larga para que el próximo tirón vuelva a doler tanto o más que el primero. Y puede que sea cierto, lo que te arrancan no es algo insignificante, te quitan la vida, el aire, el amor, la ilusión, la felicidad, las metas, los sueños, la vida… en tan sólo un nombre.

Y no hay nada que hacer, no hay nada que te pueda calmar.

Es entonces cuando deseas que realmente fuera algo tangible lo que te provoca el dolor, porque de ser así alguna píldora, algún analgésico o lo que sea, te lo puede quitar, aunque sea el medicamento más fuerte, sabes que tarde o temprano el dolor menguará y podrás descansar.

Pero no.

No hay nada capaz de quitarte ese dolor, no hay medicamento, no hay maniobra, no hay nada. Quizás lo único que podría ayudar sería dormir, entrar en ese magnífico estado donde te vuelves inconsciente de todo a tu alrededor, donde no sabes de nada hasta volver a abrir los ojos.

Pero te equivocas.

El dormir viene acompañado de algo tan algo como estar despierta y consciente de todo lo que está pasando: LOS SUEÑOS. Aquellas estúpidas manifestaciones de deseos, recuerdos o simple porquería almacenada en tu memoria, que se acumula silenciosamente como una bomba de tiempo, hasta que llega el momento de explotar. Sueños que te hacen recordar, que te hacen desear tenerle de vuelta, estar ahí a su lado, o que esté aquí a tu lado y que no tengas que estar escribiendo esto. Ilusiones banales y estúpidas que están muy lejos de la realidad… o muy cerca. Finalmente, lo único que consigues es despertar con un dolor más agudo, un vacío más profundo, y ¿Qué esperas? Si durante las horas que eso duró, estuviste presionando la herida…

Entonces.

¿Qué hacer? ¡Qué puedes hacer! Si ves cómo se va… como los días pasan y cada vez te vuelves más pequeña, como sus temores, te mentaliza como algo pequeño y de esa forma te puede dejar atrás. Y le funciona… tanto que aquí, donde estas, cada vez te vuelves más pequeña.
Debemos ser fuertes.
Debemos resistir, son sólo los primeros días, la agonía poco a poco comenzará a empeorar, los días pasarán, las cosas sucederán; distintas fechas que serían importantes se acercarán y pasarán siendo solo un día más en el calendario, igual al día anterior, y el anterior, y el anterior. Aún es demasiado pronto para pensar en olvidar, en estar bien, en volver a sonreír, incluso es muy pronto para asumir un pinto final y decir que el día de mañana no ocurrirá lo que deseas, esta es la etapa donde solo debes procurar sobrevivir, no caer, no llorar; contener y no demostrar, no sentir. Quizás el día de mañana algo mejore y el resto solo será reacción en cadena.


…

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