Si bien es cierto que toda esa
basura de que duele el corazón al tener una pena muy grande, es falsa. El corazón
es solo un jodido musculo que, como dicen las personas racionales y los
clichés, “sólo bombea sangre”. Sin embargo, puedo asegurar, con la tranquilidad
de que más almas han sentido lo mismo alguna vez, que el dolor que se siente en
el pecho es tan profundo, tan intenso que casi crees escuchar cómo se destroza
en mil pedazos todo lo que tengas dentro de la cavidad torácica. Lo siente
vacío, es como si te arrancara algo a tirones, dando una pausa lo
suficientemente larga para que el próximo tirón vuelva a doler tanto o más que
el primero. Y puede que sea cierto, lo que te arrancan no es algo insignificante,
te quitan la vida, el aire, el amor, la ilusión, la felicidad, las metas, los
sueños, la vida… en tan sólo un nombre.
Y no hay nada que hacer, no hay
nada que te pueda calmar.
Es entonces cuando deseas que realmente
fuera algo tangible lo que te provoca el dolor, porque de ser así alguna píldora,
algún analgésico o lo que sea, te lo puede quitar, aunque sea el medicamento más
fuerte, sabes que tarde o temprano el dolor menguará y podrás descansar.
Pero no.
No hay nada capaz de quitarte ese
dolor, no hay medicamento, no hay maniobra, no hay nada. Quizás lo único que
podría ayudar sería dormir, entrar en ese magnífico estado donde te vuelves
inconsciente de todo a tu alrededor, donde no sabes de nada hasta volver a
abrir los ojos.
Pero te equivocas.
El dormir viene acompañado de
algo tan algo como estar despierta y consciente de todo lo que está pasando:
LOS SUEÑOS. Aquellas estúpidas manifestaciones de deseos, recuerdos o simple porquería
almacenada en tu memoria, que se acumula silenciosamente como una bomba de
tiempo, hasta que llega el momento de explotar. Sueños que te hacen recordar,
que te hacen desear tenerle de vuelta, estar ahí a su lado, o que esté aquí a
tu lado y que no tengas que estar escribiendo esto. Ilusiones banales y estúpidas
que están muy lejos de la realidad… o muy cerca. Finalmente, lo único que
consigues es despertar con un dolor más agudo, un vacío más profundo, y ¿Qué
esperas? Si durante las horas que eso duró, estuviste presionando la herida…
Entonces.
¿Qué hacer? ¡Qué puedes hacer! Si
ves cómo se va… como los días pasan y cada vez te vuelves más pequeña, como sus
temores, te mentaliza como algo pequeño y de esa forma te puede dejar atrás. Y
le funciona… tanto que aquí, donde estas, cada vez te vuelves más pequeña.
Debemos ser fuertes.
Debemos resistir, son sólo los
primeros días, la agonía poco a poco comenzará a empeorar, los días pasarán,
las cosas sucederán; distintas fechas que serían importantes se acercarán y
pasarán siendo solo un día más en el calendario, igual al día anterior, y el
anterior, y el anterior. Aún es demasiado pronto para pensar en olvidar, en estar
bien, en volver a sonreír, incluso es muy pronto para asumir un pinto final y
decir que el día de mañana no ocurrirá lo que deseas, esta es la etapa donde
solo debes procurar sobrevivir, no caer, no llorar; contener y no demostrar, no
sentir. Quizás el día de mañana algo mejore y el resto solo será reacción en
cadena.
…
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