6/2/17

Relato #2

Cuánta basura tiene que salir de tu boca, de tus manos, de tus palabras, antes de darte cuenta de que estás dejando un caos, antes de darte cuenta de que estas jodiendo todo lo que habías logrado pocas horas antes. Cuánto tiene que pasar en tu vida para juntar el suficiente revoltijo que te haga explotar en un vómito de estupideces y palabras, actos, reacciones sin sentido que te dejarán vacía y derrumbarán lo poco pero mucho que habían construido.

Ante los ojos de cualquier mortal, sensato y racional, llamar “algo” a lo que se construyó hoy es muy exagerado, para cualquier mortal que escuche nuestra historia no tendrá ningún valor. Incluso para ti, para ti puede ser insignificante y sin valor lo de hoy, más aún después del lío que dejé al explotar por lo que básicamente se puede catalogar como estupidez.

Sabe la luna, las estrellas y los astros en el cielo, cuánto les supliqué, cuánto les rogué para lograr algo así el día de hoy, o al menos lo antes posible. Saben ellos, fieles testigos de mi agonía, cómplices de mi locura y desvaríos, cuán importante fue para mí nuestro avance. Lo más doloroso es que quizás realmente lo sientes como un error, como un retroceso en tu avance personal, como una mancha en tu nueva hoja, en tu nuevo libro de tu nueva historia, sola o acompañada, pero lejos de mí. Pero el solo roce de tu mano, el cruce de nuestras miradas, el intercambio de palabras, es todo lo que pedía. ¡Imagínate!, ¡Imagínense! Como fue sentir sus manos buscando las mías fugazmente, apretándolas y solo soltándolas para volverlas a buscar; ver tu mirada, al acecho, en silencio, esperando el cruce con la mía; sentir tus labios, en esos besos efímeros que solo duraban una fracción de segundo, pero que calmaban mi alma, silenciaban los gritos, dominaban la locura y saciaban el deseo; conteniendo a mi alma que sólo quería enlazarse con la tuya y abandonarnos para irse lejos, donde nada ni nadie las obstaculizara. Creí en la magia, en los milagros, en que los deseos, si los pides con el corazón y con la fuerza de tu alma, con las energías de tu ser, se pueden volver reales. Si cierras suficientemente los ojos y pides el deseo en el punto más alto de un suspiro, puedes elevarlo lo apropiado para que las poderosas energías que te rodean puedan jugar sus cartas, mover sus piezas y enlazar dos almas en la tierra unidas por el sentimiento más grande, pero distanciadas por las diferencias terrenales.

Daría mi alma a los dioses por volver a acariciar la tuya, como hoy.

Pero todo deseo conferido por las poderosas energías, no es eterno. No lo es si no sabes tú mismo hacerlo persistir. Y es entonces, cuando las peores energías que te rodean comienzan a tejer sus redes, llenar tu camino de trampas, jugar sus oscuras cartas y poner en tu andar los atascos más difíciles de esquivar. Si no lo sabes distinguir, estás perdido.

Y es lo que sucedió.

Un mal viaje, un problema exorbitante de camino a casa, puede comenzar a hilar en tu mente una conflictiva red, donde tarde o temprano quedarás atrapado si no logras verla a tiempo. Y no la vi. Me atrapó. Y aquí estoy.

De algo tan insignificante y estúpido que pacté con mi alma ordenar en un mejor momento, mi mente, tramposa mente, creó una crisis. La obsesión, el capricho, la locura, el egoísmo, la posesión, comenzaron una danza donde mi alma quedó atrapada. Sin poder salir, sin poder reclamar por su plenitud en la que poco antes se pavoneaba. Y de ello, nació el caos, el conflicto. Todo se volvió oscuro, mis ojos ciegos, la razón durmió y mi alma retrocedió lentamente, viendo lo que se acercaba, se acuclilló en un rincón, esperando que lo peor sucediera. Los minutos sucesores a ello no tienen coherencia, no tienen un hilo conductor que me diga cómo y qué pasó. Y cuando la marea bajó ya el caos había arrasado con todo a su paso, llevándose recuerdos, sensaciones, sentimientos y emociones. Mi alma salió de su escondite, buscando como recuperar y retener lo que más podía. Pero no había nada. No quedaba absolutamente nada.

La sinceridad ya era inútil. Si tienes un mal momento, si tienes alguna complicación y no lo cuentas a tiempo, no tiene sentido alguno contarlo cuando los efectos del caos y la desesperación, han inundado todo.

No quedaba nada, solo rechazo, odio, rencor, palabras hirientes, crueldad, dolor, ira, decepción. Sus palabras dejaron en claro que todo lo vivido solo unas horas antes, estaba atrás. Muerto. Ya era demasiado tarde y no pude hacer más que sentarme, acomodarme lo que más podía, encender la pantalla en la mente y ver, limitarme a solo ver cómo los recuerdos pasaban, rompiendo, hiriendo, dejando dolor a su paso. Ver desde el exterior como si estuvieras viendo una historia que no es tuya. Recuerdos. Solo quedó en recuerdos, tu piel y mi piel, tus manos entrelazadas con las mías, nuestras risas en una sola melodía, nuestras miradas cómplices de lo que poco antes habíamos tenido. Pero no éramos, no eras tú, no era yo. Eran otras personas muy distintas a ti y a mí.

Y estoy en blanco.

Termina la transmisión, terminada la película me veo ahí. Estoy de pie junto al cadáver del suspiro de nuestro amor. Tengo un cuchillo en mis manos y soy la responsable. Una estupidez que dominó mi racionalidad, un capricho infantil e innecesario, nos asesinó brutalmente.

Te entregué fundamentos, te entregué motivos, más motivos para decir que soy lo peor que te pudo pasar en la vida. Metafóricamente se podría decir que te entregué un sobre con un solo pasaje a un mundo muy lejano al nuestro, con todo pagado, pero sin retorno. No era mi intención arruinar todo, daría mi alma por recuperarlo. No hablo de un todo, tan solo me conformo con recuperar lo que habíamos construido hasta exactamente antes de tres horas. Borrar lo sucesivo.


No quieres escucharme, no quieres leerme. Sólo mira la luna, mira hacia ella y deja que con su brillo cósmico te explique mi dolor, te susurre mi desesperación, deja que te cubra con su manto protector y siente lo que siento: mi más profundo arrepentimiento. Salvémonos, salvemos lo que teníamos hace ya varias horas lo que sentimos al unirnos, al besarnos y entrelazar nuestras almas dolidas pero llenas de deseo la una por la otra. 

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