27/2/17

Te doy las gracias

Puedo viajar, puedo retroceder unas horas en el tiempo gracias a ti, porque de entre todas las virtudes que me entregas, está esa de vivir nuestros recuerdos una y otra vez, con la misma intensidad en las emociones de cada momento. Tenerte es un regalo; y si hace un par de días atrás me retorcía de dolor al sentir que te perdía, hoy puedo decir que tan solo intercambiar una palabra contigo es tocar un pedacito de cielo. Pero el recuerdo, el viaje 24 horas exactas atrás, nuestras almas reconectándose, entrelazándose, danzando, siendo una. Esta vez la sensación punzante en nuestro interior no era dolor por separarnos sino un dolor de los buenos, como cuando lo sientes por algo que te gusta, que no debería ser etiquetado con esa misma palabra, sino una que abarque en todo su esplendor el placer y el gusto que da sentirlo, nuestra burbuja tomando su grosor habitual, nuestra piel cosquilleando al rozar y encontrarse, nuestros latidos al mismo compás: armoniosa melodía celestial, nuestros labios al tocarse e intercambiar el amor, aquellos labios que a veces nos lastiman y nos hieren, la pasada noche no hicieron más que tropezar uno con el otro para expresar amor y una que otra sonrisa juguetona y cómplice de lo que estaba sucediendo. Tienes mi cuerpo, tienes mi alma, tienes cada uno de mis sentidos solo para ti. Uno a uno caen rendidos a tus pies, te pertenecen y se juntan con los tuyos para conectarnos y reforzar nuestros lazos: El gusto, el sabor de cada parte de ti al recorrer con mis labios cada rincón de tu piel, el sabor de tus labios entre nuestros besos guiados por la pasión y el riesgo. El olfato, el suave aroma de tu piel, inconfundible, incomparable, imposible de arrancar de mí, gracias a los ángeles por ser imposible de quitarlo de mí, dulce, perfecto; tu esencia especial, aquella que cuando no estoy contigo siento de repente de la nada, sin razón aparente pero que me hace suspirar profundamente y desear tenerte entre mis brazos. El oído, escuchar tus susurros, diciendo cuánto me amas, que jamás me dejarás, que agradeces cada segundo por tomar tu decisión de intentarlo nuevamente, tus suplicas, tus promesas, nuestros pactos eternos; la suave melodía de tu voz, tu y yo sabemos en qué momento, un canto divino que inunda de sensaciones mi cuerpo y eriza mi piel tan solo de recordarlo. La vista, que a través de la oscuridad logra adaptarse a ella para verte, para ver tus ojos brillando de ilusión, tu sonrisa expresando esa chispeante felicidad, ojos que ven las infinitas estrellas del universo al que me llevas, bendita vista que me permite crear un recuerdo vívido de ti al memorizar cada rincón de tu cuerpo, cada parte de ti, cada marca, cada lunar, cada poro de tu piel y benditos son mis ojos al cerrarse, privarme del sentido pero permitirme jugar con el recuerdo y recorrerte sabiendo exactamente donde estoy. Finalmente, quizás el más importante y también el más especia: el tacto, sublime acto que permite apagar todos los sentidos para intensificar la sensación, todo aquello que por la vista no se puede registrar, las manos lo pueden palpar y recorrer profundamente, la suavidad de tu piel pasando a la gustosa impresión erizándose al sentir mis manos sobre ella. Tacto que nos da placer, tacto que nos lleva a la cima del goce, tacto que nos une y nos fortalece.

Doy gracias, infinitos agradecimientos a las fuerzas del universo, a las energías que nos rodean y que conspiran a nuestro favor para reencontrarnos, para guiarnos a regresar al nido que hemos construido, te agradezco por permitirme mirar el cielo contigo una vez más, por poder ver tus ojos brillando al ver los míos, irradiando felicidad. Te agradezco por permitirme volver a ver mi reflejo en los tuyos, que siempre es innegablemente mejor que mirarme en un espejo, en ellos me veo tal como soy sin el halo de la vanidad, en ellos puedo sentirme hermosa, completa. Te doy gracias por permitirme volver a tus brazos, enredarme en tu abrazo, acurrucarme en ti porque puedo sentir que cada dolor vale la pena si puedo volver a refugiarme en ellos. Te doy gracias por dejarme tener tu sonrisa, esa sonrisa sincera que si supiera dibujar la plasmaría en un lienzo para llenar de luz cada lugar donde la tenga, gracias por esa sonrisa que sabes que me encanta, aquella entre coqueta, juguetona, pícara, traviesa, que sabe que me provoca. Gracias por volver a llenarme de tus besos, aquellos que me dejan sin aliento, pero que al siguiente me lo devuelven con más fuerza. Gracias por dejarme volver a ver lo maravillosa que es tu piel bajo la luz del atardecer. Gracias por aceptarme, por confirmar cada segundo que mi mejor elección es entregarme a ti, ser tuya en cuerpo y alma. Gracias por dejarme ser tu guía y ser tú la mía, gracias por compartir tus sueños y hacerlos míos, gracias por escuchar los míos y hacerlos tuyos. Gracias por estar aquí, en nuestro recuerdo de hace 24 horas, dándome la mano mientras nos miramos, mientras una sonrisa no es capaz de expresar la felicidad que sentimos, donde no queremos soltar las lágrimas de emoción que nos invaden, solo para no mojar con ellas este recuerdo y atesorarlo en nuestro espíritu como aquel momento donde la conexión entre tú y yo se volvió a fortalecer, aquel momento donde podemos volver si nos flaquea la voluntad, si la inseguridad nos domina y si la seguridad de que es lo correcto, comienza a temblar. Gracias por comprobarme tus promesas, de que si te dejo tu espacio a extrañarme y necesitarme, tarde o temprano lo harás, que no desespere porque lo nuestro es eterno, porque el camino que recorrimos comenzó hace 31.286 horas y aún quedan más por recorrer paso a paso, de la mano tu y yo hacia el infinito.


Hacia el infinito. 

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